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¿Silvicultura Urbana O Arboricultura?

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Por: Germán Tovar Corzo
Ingeniero Forestal U. Distrital

En el final del siglo XX cuando empezó a tener relevancia en las ciudades colombianas el manejo del arbolado en nuestro gremio forestal se puso sobre la mesa el debate de como llamar la nueva disciplina. Dos corrientes internacionales se abrieron paso con enfoques distintos. Desde Estados Unidos, Alex Shigo definió el camino mediante el enfoque del manejo individual y absolutamente centrado en el árbol y sus requerimientos esenciales para su óptimo desarrollo. De otro lado, la FAO a través de su Dirección Forestal incluía el tema como parte integral del manejo forestal de las naciones, reconociendo que el árbol urbano era un elemento esencial a tener en cuenta dentro de los planes forestales nacionales, generando la necesidad de involucrarlo en la planificación territorial de las ciudades.

En la mayoría de los países por no decir en casi todos a excepción de Colombia, los profesionales líderes encargados del manejo del arbolado urbano no son los ingenieros forestales. A manera de ejemplo, el servicio forestal de Estados Unidos no contemplaba como objeto de su acción la cobertura arbórea urbana. Ello abrió el camino para que se estableciera una asociación que pronto tuvo una participación de profesionales en biología y ecología de varias naciones, denominada ISA “International Society of Arboriculture”, la cual en 1991, definió como arboricultura urbana o moderna a la ciencia dedicada y especializada en el manejo del arbolado urbano, basándose en principios biológicos y en una cultura de respeto al árbol, y que se dedica al cuidado de los árboles individuales o de poblaciones de árboles en las ciudades, los parques, el paisaje, así como en otros ambientes urbanos.

Casi paralelamente la ONU a través de la FAO y con el concurso y liderazgo del gremio forestal internacional decidieron incluir la discusión del tema en el XI Congreso Mundial Forestal -1997, con sede en Antalya Turquía. La conclusión de sus mesas de trabajo derivó en el concepto de Silvicultura urbana, definiéndolo como una rama especializada de la silvicultura; que tiene por finalidad el cultivo y la ordenación de árboles con miras a aprovechar la contribución actual y potencial que éstos pueden aportar al bienestar de la población urbana, tanto desde el punto de vista fisiológico como sociológico y económico. En su sentido más amplio, el concepto de silvicultura urbana se refiere a un sistema múltiple de ordenación que incluye las cuencas hidrográficas municipales, los hábitats de las especies animales silvestres, las oportunidades de esparcimiento al aire libre, el diseño del paisaje, la recuperación de desechos en el ámbito municipal, el cuidado de los árboles en general, y la producción de fibra de madera como materia prima.

La sola concepción de las dos definiciones deja ver diferencias evidentes ya que la arboricultura prioriza al árbol desde el punto de vista biológico individual, mientras que la silvicultura urbana entiende el tema desde la administración, como un sistema de ordenación de los árboles en los diferentes emplazamientos de las ciudades con el fin de potenciar la provisión de servicios ambientales.

La arboricultura supone el estudio detallado de la fisiología vegetal para entender los procesos de establecimiento, absorción de nutrientes, producción de energía, respuesta a las condiciones físicas y climáticas del entorno inmediato, la arquitectura natural de cada especie arbórea y su respuesta a la eliminación de ramas o raíces, así como el diagnóstico y evaluación de los árboles con el fin de definir las técnicas más apropiadas para la trepa y para la realización de tratamientos como podas, traslados, fitosanidad y otros tratamientos especiales para garantizar la permanencia de los ejemplares forestales como cirugías, amarres, empernados, entre otras.

En tanto, la silvicultura urbana debe desarrollar una base legal para organizar la arquitectura institucional competente para la gestión del arbolado de las ciudades, proveer plataformas tecnológicas para gestionar la información del censo arbóreo, así como de la actualización de las intervenciones silviculturales realizadas a cada individuo. Realizar diagnósticos y evaluaciones técnicas y garantizar la realización de los tratamientos silviculturales necesarios que todo el conjunto arbóreo urbano requiere. Para ello es necesario la elaboración de planes de manejo silvicultural, que incluyen planes de poda, de sustitución, de manejo del riesgo, y de manejo integrado de plagas y enfermedades. Procurar el incremento de los servicios ambientales derivados, a través de la plantación de nuevos árboles, la generación de conectividad biológica y ecológica, conservación de la biodiversidad y el desarrollo de investigaciones que cuantifiquen la contribución de todo el conjunto arbóreo urbano en la purificación del aire, la regulación de la temperatura, la radiación solar, la escorrentía, y la cualificación de temas como la conformación del paisaje, la generación de cultura y el aumento de valor que impacta evidentemente en la industria inmobiliaria. Todo ello acompañado de mecanismos de financiación que haga posible el alcance de las metas propuestas en el plan maestro o director de silvicultura urbana.

En el ámbito internacional, la mayor cantidad de literatura producida en arboricultura tiene como fuente el Journal of arboriculture publicación de la ISA; sin embargo, existen otras publicaciones que tienen como origen otras asociaciones nacionales de arboricultura y por supuesto el mundo académico. Entre los temas más recurrentes se encuentran estudios concernientes a biología (Shigo, 1986), fisiología vegetal asociada a emplazamientos urbanos (Flint, 1985; Nowak et al, 1990), entomología (Johnson y Lyon, 1976; Pirone, 1978; Sinclair et al, 1987) las condiciones de crecimiento desfavorables para los árboles en área urbana por suelos compactados (Craul, 1992; Randrup, 1996), disminución en nutrientes y baja disponibilidad de agua (Clark y Kjelgren, 1990; Colderick y Hodge, 1991), espacio limitado de crecimiento (Talarchek, 1987; Bassuk y Whitlow, 1988; Petersen y Eckstein, 1988), y paisajismo (Schroeder y Cannon,1987).

También, la Arboritectura y toda la línea de investigación de los modelos arquitecturales de los árboles por especie (Hallé, Oldeman and Tomlinson, 1970, 1978; Cremers y Édelin, 1995; Drénou,1999, Millet 2012) la dinámica de crecimiento del tronco por medio de la sucesión de meristemos (Caraglio in Drénou, 2021) y los dendromarcadores arquitecturales que permiten identificar el grado de individualidad de un árbol, los estadios de desarrollo y los estados fisiológicos de patrones replicados y repetidos en la dinámica de crecimiento de los modelos arquitecturales (Restrepo, 2019) todo ello con una aplicación directa en la evaluación técnica de cada individuo arbóreo con el fin de determinar tipos e intensidad de poda de acuerdo a la dinámica de crecimiento de cada individuo. Basado en lo anterior, se han realizado estudios en mantenimiento (Pirone, 1988; Whitcomb, 1991), tratamientos silviculturales como podas (Shigo, 1989), traslados (Himelick, 1991) y la preparación del personal idóneo para realizarlos (Smithyman 1985). Los autores aquí referidos corresponden a los pioneros ya que actualmente existen muchos que continúan el desarrollo de las investigaciones en estos temas.

En contraste, las referencias bibliográficas que tratan contenidos de silvicultura urbana son publicadas en su mayoría por entidades gubernamentales, asociaciones forestales nacionales, organismos multilaterales y también por la academia. La gobernanza del recurso forestal urbano ha sido tratada desde el mismo comienzo del concepto de silvicultura urbana (Kuchelmeister, G. y Braatz S. 1993, 2000; Nilsson y Randrup, 1996, 1997) y por supuesto con mucha asiduidad en la actualidad (Salbitano et al, 2017; Calaza et al, 2018), en publicaciones de la FAO. A nivel administrativo, muchas ciudades a nivel mundial ya cuentan con planes maestros de silvicultura urbana, a manera de ejemplo pueden consultarse los de urbes como Vitoria-Gasteiz (Fariña, 2013; Ayuntamiento, 2014), Barcelona (Ayuntamiento, 2017) y Vancouver (City of Vancouver, 2010, actualizado 2018). En términos de servicios ambientales pueden encontrarse publicaciones pioneras que exponen temas como el valor estético, la purificación del aire, la atenuación de temperaturas extremas, la reducción del ruido, el mejoramiento de la hidrología y su rol como hábitat para la fauna (Broderick y Miller, 1989; Matthews, 1991; Huang et al., 1992) y recientemente muchos otros autores, como en biodiversidad y equidad ecosistémica (Escobedo et al, 2015).

Respecto de las relaciones de la sociedad con la cobertura arbórea urbana se han realizado estudios sobre necesidades psicológicas, sociales y culturales de la población urbana mediante el alivio de tensiones, la reducción del estrés, el mejoramiento de la concentración, la prevención del desarrollo de enfermedades mentales, y como agente de cohesión social (Schoroeder y Cannon, 1987; Kaplan y Kaplan, 1989; Michael y Hull, 1994). Así mismo, de comportamientos inadecuados como la vandalización de los árboles (Westover, 1988) y la relación de la cobertura arbórea con la comisión de crímenes (Carriazo y Tovar, 2016; Escobedo et al, 2018). Pero también de situaciones positivas como es el beneficio que los árboles urbanos prestan a las comunidades en la economía, a través del incremento de valor de las propiedades, la generación de empleo y la oferta de materia prima para artesanías (Dwyer, 1992; Garrod y Willis, 1992).

En Colombia, el manejo del arbolado de las ciudades, gestión que innegablemente es interdisciplinaria, se encuentra liderado por profesionales en Ingeniería Forestal. Han sido profesionales de nuestro gremio los encargados de formular los planes de silvicultura urbana de varias ciudades (Bogotá, Medellín Cali, Pereira, Cúcuta, Ibagué, Manizales y muchas más), realizar inventarios, coordinar los aspectos tecnológicos para mantener actualizados los censos, y toda la información generada por la evaluación y el seguimiento a actividades silviculturales, y por supuesto la realización de los tratamientos silviculturales autorizados. Especialmente en Bogotá, son nuestros colegas quienes han comenzado a realizar investigaciones detalladas, en desarrollo del Plan Distrital de Silvicultura Urbana, Zonas Verdes y Jardinería 2019-2030, sobre la relación del arbolado urbano y el clima con el fin de determinar puntos calientes que podrían convertirse en islas de calor, también la relación de los eventos climáticos (lluvia, vientos) con la ocurrencia de volcamientos a fin de construir un modelo predictivo de este tipo de accidentes, así como la tolerancia de las especies existentes a la variabilidad climática, lo que repercute directamente en la biodiversidad.

Por lo anteriormente revisado, es absolutamente necesaria la inclusión del tema dentro del pensum como asignatura constitutiva del plan de estudios principal, y no como una simple electiva, en las facultades de Ingeniería Forestal del país. Ahora bien, teniendo en cuenta las diferencias en enfoque y en contenido temático es conveniente darle el nombre adecuado, arboricultura o silvicultura urbana, de acuerdo con el alcance y el enfoque profesional que las universidades ofrezcan a sus futuros profesionales, ya que como puede observarse los dos temas son complementarios y se requiere saber mucho más de todo lo que atañe al árbol individual para poder con dicho conocimiento establecer su mejor gestión en conjunto como política pública, de acuerdo con las circunstancias particulares de las diferentes ciudades. También es conveniente que las universidades generen la posibilidad de profundizar los temas de estudios a través de la configuración de contenidos con una perspectiva de estudios superiores, es decir, especializaciones y maestrías.

En 2011, en el marco del tercer encuentro nacional de silvicultura urbana, realizado en Medellín, un grupo de Ingenieros Forestales acordamos la fundación de la Asociación Colombiana de Arboricultura – ACA, la cual en días posteriores se consolidó en el Jardín Botánico de Bogotá, con el fin de impulsar el conocimiento y las buenas prácticas de manejo de los árboles urbanos. Los estatutos fundacionales de la ACA previeron el relacionamiento con asociaciones internacionales de arboricultura, como la española o la ISA, sin que ello implicara convertirse en un apéndice de esta última como infortunadamente es ahora, por lo que prácticamente toda actividad realizada por la ACA también lleva el logo de la ISA. La búsqueda del desarrollo propio es una muestra de independencia e institucionalidad. Hago un llamado a los colegas para que, sin romper relaciones con la ISA, restrinjan su injerencia, sean valientes y busquen labrar un camino independiente.

Finalmente, en Colombia, las entidades certificadoras del conocimiento, válidas para ser tenidas en cuenta para procesos contractuales de entidades oficiales son el ICFES y el SENA, y en lo relacionado con las normas técnicas es el ICONTEC. Por ello, la demostración de que tanto el Ingeniero como el Tecnólogo Forestal posee el conocimiento profesional adecuado y competente en silvicultura urbana y arboricultura, debe acreditarse desde el plan de estudios en las facultades universitarias, sobre todo teniendo en cuenta que más de 600 Ingenieros forestales a nivel nacional, se dedican tiempo completo a este tema. Ello le dará a nuestro gremio una ventaja comparativa especialmente con otros profesionales con los que actualmente hay tensión como son los arquitectos paisajistas, los biólogos y los ingenieros ambientales, pues en sus planes de estudios tienen asignaturas referidas a los árboles en entornos urbanos. Respecto de la formación técnica y de operarios, el SENA cuenta con programas de certificación de aptitud para el trabajo en temas de producción de material vegetal en vivero, plantación, poda y traslado de árboles. A nivel nacional las únicas certificaciones exigidas por las autoridades ambientales son las que demuestren competencia profesional expedidas por alguna institución con respaldo del ICFES y para operarios por el SENA. La certificación ISA es internacional, válida en otros países en donde la Ingeniería Forestal no está a cargo del tema, pero en Colombia no es exigida ni válida oficialmente. La ACA tiene por tanto, un campo de acción enorme como institución consultiva especializada que puede tener estrechos vínculos con las universidades y con el ICFES para la formación de especialistas, técnicos y operarios.

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